El Niño amenaza alimentos y medios de vida mientras el mundo enfrenta temperaturas récord

El fenómeno climático puede intensificar sequías, calor extremo, incendios, inundaciones y olas de calor marinas, elevando los riesgos para agricultores, ganaderos y pescadores

Roma.— El fenómeno de El Niño podría aumentar los riesgos para la producción de alimentos y los medios de vida rurales en distintas regiones del mundo, en un contexto en el que el cambio climático ya está elevando la temperatura global y aumentando la intensidad de algunos eventos meteorológicos extremos.

El Niño es un fenómeno climático natural asociado con un calentamiento inusual de las aguas superficiales del océano Pacífico central y oriental. Su aparición altera los patrones de temperatura y precipitaciones a escala mundial y suele producirse cada dos a siete años, con episodios que normalmente duran entre nueve y 12 meses.

Sus efectos varían según la intensidad y el momento del fenómeno. En algunas regiones puede favorecer sequías más prolongadas, temperaturas extremas y un mayor riesgo de incendios forestales, mientras que en otras puede provocar lluvias intensas, inundaciones y olas de calor marinas.

Un fenómeno conocido en un clima diferente

El riesgo actual es distinto al de décadas anteriores porque El Niño se presenta sobre un planeta que ya experimenta un aumento de las temperaturas debido a las emisiones de gases de efecto invernadero.

El incremento de la temperatura global eleva el nivel de referencia sobre el que actúan fenómenos climáticos naturales como El Niño. Esto puede aumentar la exposición de los sistemas agrícolas y alimentarios a condiciones extremas.

La combinación de ambos factores representa un desafío para países cuya producción de alimentos depende especialmente de las condiciones meteorológicas.

Agricultores y pescadores, entre los más expuestos

Los primeros impactos suelen sentirse en las zonas de producción de alimentos. Agricultores, ganaderos, pescadores y otros pequeños productores pueden enfrentar pérdidas cuando disminuyen las lluvias, escasea el forraje, aumentan las inundaciones o se elevan las temperaturas de los océanos.

Para los agricultores, una reducción de las precipitaciones puede afectar los rendimientos de los cultivos y aumentar la necesidad de agua para riego. En las zonas ganaderas, la falta de lluvias puede reducir la disponibilidad de pastos y agua para los animales.

En las actividades pesqueras, el calentamiento de las aguas puede modificar la distribución y disponibilidad de determinadas especies, afectando los ingresos de las comunidades que dependen de la pesca.

Estos impactos pueden trasladarse posteriormente a los mercados de alimentos y a los ingresos rurales, especialmente cuando las pérdidas de producción coinciden con otros factores que ya presionan los precios o la disponibilidad de alimentos.

La anticipación gana importancia

Ante este escenario, la capacidad de anticiparse a los impactos se vuelve un elemento central para reducir las pérdidas. Los sistemas de alerta temprana, la información climática y las medidas de preparación pueden ayudar a productores y gobiernos a tomar decisiones antes de que se materialicen los efectos más severos.

Entre las posibles medidas se encuentran ajustar calendarios de siembra, seleccionar variedades de cultivos más resistentes, gestionar reservas de agua y forraje y preparar respuestas ante inundaciones, sequías o incendios.

La anticipación también puede ser relevante para las cadenas de suministro de alimentos, que deben prepararse para posibles interrupciones en la producción y el transporte.

Un riesgo que trasciende al campo

El impacto de El Niño no se limita a la producción agrícola. Al modificar las condiciones climáticas y oceánicas, el fenómeno puede afectar diferentes sectores de la economía y aumentar la presión sobre comunidades cuya actividad depende directamente de los recursos naturales.

En un mundo más cálido, la interacción entre El Niño y el cambio climático plantea un desafío adicional para la seguridad alimentaria. La capacidad de los países para anticipar los riesgos y adaptar sus sistemas productivos será determinante para proteger los alimentos y los medios de vida de millones de personas.

La clave, por tanto, no será únicamente responder cuando llegue el fenómeno, sino actuar con anticipación para reducir sus impactos sobre la producción, los ingresos rurales y la seguridad alimentaria.